jueves, 14 de junio de 2007

HOROSCOPOCOLOCO-G


ARIES: Harás bien en no confiar en nadie. El mundo se ha puesto muy cabrón y la verdad, no vale que te angusties. El estrés te afea (MÁS).

TAURO: tú llevas los cuernos por y con convicción, pocas vacas pueden mugir y presumir a la vez de tal suerte. Por si acaso, vuélvete vegetariana.

GÉMINIS: tu dualidad te hace imprecisa, imagen y reflejo, real y virtual, Batman y Robin. Llena eres de gracia: llevas en ti a los dos gemelos infernales made in Polonia.

CÁNCER: en tu signo llevas tu sino. Una dosis de omega 3 puede contribuir a bajarte el ego metastático.

LEO: eres la reina de la selva de acero y concreto. Lo que te pongas te va… de la chingada; pero si no eres tú la ridícula, ¿quién más lo será?

VIRGO: de segunda mano. La elasticidad de tu pureza te permite tener un pie en el cielo y otro en el infierno. Gózalo tú que puedes.

LIBRA: Nos señor de todos los males. Lo cual implica te alejes de todos. El equilibrio perfecto NO EXISTE. Desengáñate.

ESCORPIÓN: tu sabiduría te lleva a prescindir de nuestras sugerencias. La exquisitez –como también la humildad y el glam- nacieron contigo.

SAGITARIO: Si crees en la buena suerte mereces que te digan cualquier cosa. Abre los ojos y mira a tu alrededor, tal vez descubras que alguien más te está observando.

CAPRICORNIO: el cambio climático te sienta fatal. La menopausia planetaria altera tus ciclos: del agua, el carbono, el nitrógeno y hormonal. Pero no sufras, tu estado ideal es NO disponible.

ACUARIO: tu filosofía es nadar hacia las sombras… buscando a Nemo, supongo. Usa tu cabecita como linterna y lo hallarás. Di no al plancton; se descubrió que engorda.

PISCIS: dos pececitos saben mejor que uno. Mantente alerta, las Medusas invaden las costas mediterráneas… y pueden convertirte en dos piedras.

EN UN CUARTO CASI ROSA


EL QUE TENGA OJOS QUE MIRE, EL QUE TENGA OÍDOS QUE OIGA, Y QUIEN TENGA BUEN GUSTO, QUE MIRE ESTE VÍDEO CON ESCENAS DE LA PELÍCULA "TRIX".

http://www.youtube.com/watch?v=lAF6e7yk5AM

CLÍMAX POLÍTICO

La primavera política arriba tarde a la ciudad y el verano electoral se antoja tan largo como la retahíla de promesas con la que los políticos locales invadirán nuestros oídos, ojos y hasta el estómago, en algunos casos, en la inminente campaña por la renovación de alcaldías y el Congreso estatal. En los árboles de las avenidas principales florecen, desde hace unas semanas, frutos de plástico color azul y rojo que contaminan el paisaje y lo afean en extremo.

Las aspiraciones legítimas de los llamados ‘precandidatos’ justificarán, en adelante, la típica guerra de baja intensidad en la que relucirán –como cuerpos caídos en la batalla- los pasados y presentes escabrosos de los contendientes, “levantones” inexplicables, verborrea insufrible apenas comparada con la de los programas de espectáculos. Pues de esto se trata. Asistiremos –indiferentes o resignados- al show de la política local: los nombres de siempre o las mismas estirpes – que acá los sueños políticos se heredan-, las antiguas añoranzas reivindicadas por amor a los ciudadanos, las revanchas, los golpes por la espalda, las dentelladas sanguinolentas que nos hacen recuperar el instinto antropófago que creemos ya extinto. Los berrinches y los cambios de partido de quienes juraron lealtad a la base partidista si no obtienen la candidatura deseada; total, es de sabios cambiar de interé$. Si nuestra clase política fuera un pelín más lista se justificaría –herácliteamente- afirmando que lo único constante es el cambio.

Nuevamente el ansia desmesurada por el poder. La añeja aspiración por dominar a los otros – y detrás de cada sueño de grandeza hay un dictadorcito en potencia y un complejo de inferioridad irresuelto-. La obsesión infinita por controlarlo todo. El hambre de ser adorado y ocupar el lugar vacío que dejó el desplazamiento de la divinidad. Se descuenta que el poder por el poder no únicamente corroe todo lo que toca si no que destruye el cuerpo del que se alimenta. Pocos se detienen a reflexionar que no tener el poder nos hace poderosos y que se ejerce mejor cuando se está ajeno a él. Mandar es sencillo, que te obedezcan es otro cantar.

El poder es un simbiote insaciable que no obstante, reporta buenos dividendos –acá que nadie nos dore la píldora de que se trata de servir a la ciudadanía, fuera máscaras y que se diga: quiero mandar y que tú me obedezcas; sería más honesto y yo votaría 3 veces por alguien así.- Se asegura que el poder lo justifica todo, de ahí que las hordas sin escrúpulos se lancen a la velocidad de la luz a degradar lo que se interpone a su paso. Que se cuiden los pobres que se verán como nunca solicitados, que se preparen los trabajadores del Estado con su óbolo sagrado, que se cuiden todos que la hora de la diversión ha empezado.

Estamos advertidos, veracruzanos. Preparémonos para el reality show del verano, el que sin duda elevará la temperatura del trópico agravando la inestabilidad climática. Hagan sus apuestas y sueñen que por alguna vez en sus vidas, obtendrá la victoria el candidato por el que ustedes han votado, nada de resignaciones al estilo “todos son iguales”.

Si pueden huir a tierras más frescas o hasta el Norte, háganlo. Prepare sus provisiones porque el estío viene largo como un rojo atardecer sobre un cielo azul que le da a la luz un matiz amarillo, así de cromático está nuestro porvenir. El espectáculo apenas comienza, ¿estás preparado?

martes, 12 de junio de 2007

DE LOS PELIGROS DE LADRAR

Soy un perro que entiende el lenguaje humano. Tal vez fue obra de un milagro o una falla genética, lo cierto es que cuando ladro refiero en idioma perruno lo que mi hipófisis canina me ha hecho comprender.

Los perros sin amo, porque soy uno callejero, ladran por casi nada. Lo hacen cuando tienen hambre –lo cual sucede siempre-, también cuando sienten miedo –que sus razones para ello tienen-, cuando buscan cobijo –en algún sitio sin importar el color de la casita- y cuando quieren un hueso –de preferencia no roído por alguno más porque le quita el sabor auténtico de hueso-. El caso es que un perro sin bozal ni cadena es un peligro real. Una amenaza latente a la salud pública. Sería exagerado referir que también lo puede ser para la seguridad nacional.

Imaginen a un perro que en lugar de mear de lado lo hace de pie y en los servicios sanitarios donde sólo pueden ingresar las personas. Si se permite la entrada a perros, al rato será una jauría la que acuda en masa a los sitios públicos no sólo para recrearse o asearse sino pidiendo también beneficios sociales y económicos, sobre todo de índole financiera, porque la vida de un perro sin dueño es canija y no está de más tener una seguridad, una certeza sobre el futuro más allá de un huesito. Pero ¿dónde se ha visto que un perro aspire a llevar una vida reservada a los Humanos? La vida canina es perra y los sueños, perros son.

Sin embargo, ser perro –huérfano- tiene sus ventajas. En algún momento ladras a un Gran Humano y si te echa te vas pero vuelves más tarde. Te largan nuevamente. Retornas y ladras. Si tus ladridos son insistentes puedes conseguir un hueso sin sabor o una madriza. En cualquier caso, habrás conseguido llamar la atención del Humano. Se sabe que los hombres no son indiferentes a los ladridos de un can. Tarde o temprano el perro recibe un castigo (una casita y un amo) o su recompensa: una muerte digna que lo libere del sufrimiento diario.

Pero a un perro al que no le ha tocado casita ni amo ni hueso no lo silencian con gritos ni con golpes; los amagos de castigo no lo asustan ni le hacen recular en sus ladridos. Un perro apátrida sólo se calla cuando la rabia se corta de raíz, es decir, cuando al animal ha sido vacunado a tiempo para que no contraiga la enfermedad o una vez contagiado se le aniquila.

Entonces el silencio es casi total, porque en los oídos humanos siempre queda el eco de esos gruñidos del perro sacrificado, es como si en lugar de conciencia, el ser humano tuviera grabado para siempre, un muestra gratis del efecto Doppler para que recuerde, ad perpetuam, que la vida de un perro es difícil, pero la de un Humano, es todavía más perra.

lunes, 11 de junio de 2007

NO ES LO MISMO NI ES IGUAL

El orden de los factores no altera el producto. Pero sólo eso, el producto. En los diferentes campos de la vida, una alteración en los componentes da al traste con el resultado. ¿Cómo conseguir que semejante realidad la comprendan la mayoría de los mexicanitos sin que se sientan agredidos, incomprendidos, discriminados, como le gusta a muchos decir –sin entender lo que la palabra significa, of course.- cuando en realidad hemos sido tolerantes –hasta el hartazgo considero- para con quienes no han sabido expresarse –ni explicarse ni dar a entenderse bien-?

Es común escuchar a las personas justificarse –cuando alguien les señala que ha cometido un error en su expresión- con la frase: “pero me entendiste ¿no?” y con semejante máxima creen que quien la he corregido está en el deber de disculparse por ser tonto y no haberla comprendido pese a su pésima manifestación oral. Es así, como este mundo se ha poblado de mal hablantes que exigen –sí, en el paisito del “todo merezco”- que su receptor valide su mensaje sin importar si éste es coherente o específico (no digamos ya gramatical o lógico que sería pedirle agua dulce al mar).

Los ejemplos sobran. En los exámenes o ejercicios de matemáticas el alumno alega que su resultado es correcto y que no puede invalidarse si se “pasó” su cantidad por un cero, un punto decimal o por agregar un signo negativo donde tendría que ser positivo. No repara que no es lo mismo –ni tantito- tener en el banco 100 que 1000 o pagar 0.3 % de intereses que 3 %; ni significa lo mismo que un elevador nos conduzca a la planta número diez a que nos lance al vacío del piso -2. O que en un análisis literario, el estudiante escriba en su hoja las categorías identificadas en un texto sin ningún orden ni concierto, como si el lector tuviera la obligación de, en primer lugar, descifrar sus garabatos, y después, organizar sus entrópicas respuestas so pena de afectar el desempeño del educando si se le reclama tal caos. Pero esa realidad para el vulgo es un detalle que se puede obviar. En la televisión los conductores –órale, qué chida palabra- rebuznan y no hay quien les señale semejante barbaridad; porque en el país de los burros, la mula es buey o algo parecido. Durante semanas en la radio un spot de una tienda departamental rezaba así: "Gran venta nocturna para papá de Liverpool". La sintaxis impedía saber si la vendimia era de "papás liverpool" o de qué otro género. Pero el incordio no quedaba ahí, sino que la dichosa promoción empezaba desde las 9 de la mañana ¿qué a esa hora no es de día? Supongo que la campaña habrá dado resultados pues para el vulgo estaba más que claro el comercial.
Es verdad que es de humano cometer errores -frase trilladísisma- pero el vicio de opinar por todo -sí, esto aplica también a mí, lo señalo antes de que alguien me reclame-, parece deporte de moda, como lo es también estar de quejica todo el tiempo, sugerir, recetar, dar consejos etc., la es tal que sólo ceará el día que todos quedemos mudos.
Yo por eso, me quedo callado ante las cámaras y micrófonos; que la fama a mí ni me mola ni me excita. Me agobia, en todo caso.

martes, 5 de junio de 2007

DIOS MÍO ¡HÁZME LISTO POR FAVOR!

Sucede que me canso de ser hombre…tonto. Y ocurre entonces que se me revuelven las entrañas y surge victorioso, desde mis hondísimas raíces mexicanas, un ego nacional que se planta frente al espejo y dice: ¡hoy voy a ser diferente! Y hasta aquí la promesa.

Porque en este país de bienintencionados, ser diferente significa (precisamente) ser igual a los demás. Y esta igualdad –cacareada en el discurso politiquero mexicano- consiste en joder al prójimo antes que a ti mismo. Lo cual es sensato, ¿quién se da a sí mismo por el culo? Si saben la respuesta, por favor no me la refieran. Pero algunos se ejercitan con tal ahínco que ganarían cualquier concurso de brutalidad.

Tontos los ha habido siempre. Sólo que ahora la globalización –de la estupidez, of course- los ha vuelto omnipresentes, de tal modo, que mientras leen este texto, un idiota –por mérito propio- podría estar a su lado. Son tan bestias que ignoran que lo son. La oligofrenia campa en todos los niveles que han asegurado su supervivencia más allá de cualquier cataclismo climático.

El domingo pasado tuve a mal detenerme a comprar unos productos en la farmacia Rex de la avenida Enríquez. Una falla en la máquina registradora nos obligó a quienes hacíamos fila, dirigirnos a pagar en otra caja, para lo cual fuimos conducidos por un guardia –que ojalá sirva para eso- que se sentía importante. En la otra caja tampoco podían cobrarnos pues ahí únicamente la cajera otorgaba un ticket para liquidar el importe de los productos en la otra. Sí, en la que no servía. Y así, como judíos en busca de la caja prometida bailamos el son de dos peleles disfrazados de listos: la cajera de la máquina registradora averiada y el del guardia que se sentía soñado conduciendo al rebaño. Todo habría acabado de manera natural –entiéndase, mediocremente- si no hubiera sido porque protesté por tal irregularidad, pues cada vez que cambiaba de fila perdía mi turno y mi tiempo –sagrado como Alá-.¿Y qué pasó? Que los asnos tocaron la flauta y al unísono cajera y guarura se indignaron por mi reclamo –con todo y que no les dije lo que se merecían- y se pusieron al tú por tú obviando:

1) que yo llevaba razón en mi querella,
2) que yo era el cliente y ellos los empleados –sí, a mí eso de que no hay jerarquías me importa un bledo,
3) que en lugar de rebuznar tenían la obligación de disculparse con todos.

Pues mi disgusto me lo pasé con agua porque en ningún momento hicieron funcias de intentar solucionar la contrariedad. Si no que además, me atendieron hasta que a una se le encendió el cuarto de neurona que le funciona, y el otro concluyó su perorata de que todos somos iguales. Par de pendejos clonados, pensé. Pues durante trece años yo trabajé atendiendo al público y nunca me atreví a afirmar que era igual al otro que acudía a mí. Y no es que me crea humilde –que ni se me da- si no que tenía muy claro cuál era mi función y en consecuencia mi deber. Hecho que ahora se pasa por alto.

Sucede, entonces, que soy tan tonto que no me he dado cuenta de que en el país de las bestias, el pendejo es rey –o gobernador o jefe de una empresa importante, pongamos por caso-, esto es, el mundo se ha poblado de listos y me he quedado fuera de ese top ten. Incluso, recuerdo ahora un incidente acaecido hace ya algunos meses con un empelado de la dulcería de la extinta Cinemark, al que le solicité me mostrara los tamaños de los vasos para el té; ofendido por mi ignorancia –se habrá pensado que era la primera vez que el indio iba al cine- espetó amabilísimo: “te la voy a poner fácil…” y me dio el combo que la lobotomía colocó en su red neuronal, ante mi estupor que debió interpretar como el éxtasis de Juan Diego ante la Virgen de Guadalupe.

Ejemplos de inteligencia de este tipo abundan; si estos seres se formaran uno detrás de otro harían un ejército tan numeroso como el chino. Por eso a veces – ¡ay, me da una tristeza!- me canso de ser hombre tonto y le pido a Dios que me haga un poquito más listo, para que pueda gozar de este mundo diario como si fuera el paraíso.
PIKÚN

PEDIR DE VICIO

A Melodramio con amor

Con la expresión que da título a este texto hago referencia a la manía que padecen algunos de pedir y pedir y pedir más hasta el hartazgo –si acaso conocen este concepto- y lo hacen, muchas veces, más por inercia que por alcanzar un fin específico. Mugen sin ton ni son, sin analizar lo que solicitan.

Esto viene a propósito del Quinto Parlamento de las Niñas y los Niños de México, que se lleva a cabo del 27 de mayo al 2 de junio, en la Cámara de Diputados de la Ciudad de México. Pues el día de hoy escuché a un grupo de estos niños, “ciudadanos del mañana” decir en un programa de radio –a nombre de muchos, que no de todos aunque se diga lo contrario- que los niños (y las niñas, ya saben esa obsesión oficialista por la supuesta paridad) de este país han sido violados sexualmente, desoídos, privados de sus derechos y expulsados a la calle de manera inmisericorde -¿querrían un poco de amabilidad al estilo: niño, lárgate por favor a la calle?-. La inquina con la que el infante lanzaba su filípica desde el púlpito de San Lázaro –digno de asombro por la similitud con la Norberta, reina del chantaje- me horrorizó primero, para emputarme después. Enumero las razones:

1) Seguramente ese niño “listo” es uno que come tres veces al día y no tiene la menor idea de lo que es sufrir algún tipo de abuso, mucho menos sexual.
2) La temática de su discurso –el tono dicen los eruditos- no correspondía con el pensamiento de un niño Made in México. Sobre todo porque delata el sello inconfundible de la política local –resentimiento, tufo justiciero y revancha existencial.

Pregunto yo –desde mi vena más melodramática- ¿puede un niño bien comido, bien pensante, bien pendejo arrogarse el reclamo de justicia hacia los niños –y las niñas- de este paisito? Sin duda debe tratarse de un chiquillo que tiene Play Station última generación, que se mal nutre con comida chatarra, que sabe la ubicación exacta de los centro de comida rápida y conoce más de videojuegos que de la geografía nacional, por no decir que no debe saber las tablas de multiplicar, distinguir un sustantivo de un verbo ni limpiarse correctamente el culo (para desagrado de los pederastas).

Pero puede quedarse el niño héroe con sus sueños neorrevolucionarios, lo que se evidencia detrás de esta situación, es la nula comprensión de la realidad de este suelo. Pues exigen –que no solicitan- derechos y más derechos: “Pido la cadena perpetua a quienes maltraten a un niño”. La desmesura lleva a la ridiculez, y refiero ridiculez para ser económico. Pues alguien debió advertir al niño empoderado que tal prerrogativa no se la pueden conceder sin que México falté a sus compromisos con los Derechos Humanos adquiridos en instancias internacionales.

¿A que no reparó nadie en las obligaciones y múltiples deberes –no cumplidos- que tienen los niños y niñas de este país? Pues no solamente los adultos tenemos responsabilidades. ¿Por qué la niñez de este país no solicitó en la Cámara y a las instancias correspondientes una mejora sustancial en los planes de estudio de todos los niveles del sistema educativo nacional? ¿Por qué no se exigió una reforma educativa que surja de las necesidades reales para que programas de estudio y realidad política, económica, social y cultural de este país se correspondan?

¡Oh por Dios! Eso nunca y ni en sueños. Porque una exigencia así implicaría esforzarse, cumplir con el compromiso acordado, salir de la inercia “así está todo bien, para qué le muevo” y asumir el futuro no como un regalo que trae Santa Claus si no como un derecho que se gana con esfuerzo. Una realidad así no la quiere ni adultos ni niños –que ya sabemos que son listos. Es más fácil gritar a boca de jarro “tengo derecho a…” que empezar a asumir la vida como una senda de obligaciones, también inherentes.

Que un infante tiene derechos legítimos por el simple hecho de ser hasta los políticos lo saben, también es verdad que muchos de esos derechos han sido “pasados por alto”, pero la solución a este vasallaje no es reclamar la restauración –ipso facto- de los mismos. Si no haciendo una reflexión personal, primero; institucional, después respecto a la niñez que estamos formando y aquella que queremos tener, lo cual, desde luego, implica asumir las tareas que nos corresponden a cada uno de nosotros desde el ámbito en el que nos desenvolvamos –dejar atrás esa actitud de “a mí qué” tan arraigada en el subconsciente nopalero-, para después ejercer libremente nuestros derechos, conscientes, también, de que toda prerrogativa exige en consecuencia, una obligación.

Elaborado: martes 29 de mayo de 2007